martes, 29 de diciembre de 2009

Voayeur. En el mejor de los sentidos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Pensándolo bien...


...sigue siendo cuestión de vida o muerte...

viernes, 21 de agosto de 2009

Amor de madre...

Sobre la irritación que trae consigo el calor, y el cariño mutuo que nos afecta en los viajes en coche...

“Voy a poner el aire acondicionado”

“Sí, claro. Tú contamina el mundo.”

“Ya está. Siempre replicando… Me vas a decir que prefieres pasar calor…”

“Puedes bajar la ventanilla. Emite menos gases contaminantes.”

“De milagro no te han fichado en Greenpeace…”

"Yo tampoco lo entiendo..."

"Será que Greenpeace te tiene miedo."

"No entiendo por qué. Con lo buena gente que soy..."

"Bueno, da igual. ¿Me vas a dar permiso para poner el aire?"

“Haz lo que te plazca…”

… Cinco minutos después…

“Puff… No sé por qué, pero el aire acondicionado del coche siempre huele mal…”

“No. Solo huele mal cuando hace calor.”

“Quieres decir que solo huele mal cuando está encendido…”

“Es lo que intentaba dar a entender, sí.”

“Pedante.”

miércoles, 5 de agosto de 2009

martes, 4 de agosto de 2009

Menú vegetariano

-¿Quién quiere lasaña?
-Yo.
-¿Carne o verduras?
-¿De verdad preguntas eso?
-Es por saberlo.
-Pues ya lo sabes.
-Hay berenjenas.
-Yo quiero.
-Están rellenas.
-¿De carne?
-No tenían otra cosa.
-Es por saberlo.
-Pues ya lo sabes.
-¿Qué es eso blanco?
-Es una lasaña. Sospecho que será queso.
-¿Y lo marrón?
-Hm... igual es recomendable dejarlo a un lado.
-Espero que al menos lo verde sea comestible.
-Sospecho que lo verde será verdura.
-Sospecho que sospechas mucho, si el día es largo...

martes, 28 de julio de 2009

Todo lo que debe decirse sobre el calor

“Hoy hace más calor que ayer.”

“Si.”

“Mucho más calor que ayer.”

“Si, mucho.”

“Odio que haga tanto calor.”

“Aja.”

“Cuando lleguemos me voy a preparar un café con hielo.”

“Muy bien.”

“Odio que haga calor. Moriremos en el coche.”

“Hm.”

“Y la ventanilla no se puede bajar.”

“Oye… ¿no crees que mis zapatos hacen un ruido raro al andar?”

“Si, ya me he dado cuenta antes. Uff, qué calor hace.”

“El mismo que hace cinco segundos.”

“Me voy a asar en la tienda.”

“Te asas en una heladería. Que poco paradójico.”

“Si te doy el dinero, ¿vas y me compras un ventilador en la tienda que está al final de la calle? Esa que hace esquina.”

“¿Un ventilador?”

“Sí, esas cosas que dan vueltas.”

“¿De qué tipo?”

“De los que hagan viento.”

“Digo que de cuánto voltaje”

“¿Desde cuándo el viento se mide en voltios?”

“A veces pienso en cómo es posible que me hayas enseñado a atarme los cordones…”

“Oye, ¿te has dado cuenta de que tus zapatos hacen un ruido extraño al andar?”

miércoles, 3 de junio de 2009

Apaleados

Siempre lo supimos. Pero ahora queda confirmado: Ellos son así de imbéciles.

sábado, 23 de mayo de 2009

Crónicas de fábrica

Mi corazón latía de tal forma que sentía su pálpito en el fondo de mi garganta cuando entramos por el gran portón azul que separa el hermoso patio interior de la calle Heliótropo. Causante de mi exaltación fue que este mismo portón estaba cerrado, cuando en visitas anteriores procuraba estar abierto a todo el público.

Cargadas de ilusión nos habíamos propuesto visualizar el entorno que pronto se convertiría en nuestro lugar principal de trabajo. Yo sabía que existía algún problema; nos habían comentado ya algo del desalojo. Por esta misma razón íbamos a pedir permiso para retratar la vida y el ocio en este lugar.

Fue una chica, la que nos abrió la puerta. Después de exponer brevemente nuestro propósito, ella se encogió de hombros. A pesar de su gesto de desconocimiento, su rostro revelaba claramente que teníamos pocas posibilidades de avanzar en nuestro plan. De hecho tuve la sensación de que estaba más distante que al principio.

“David”, dijo, cuando pasó por su lado un joven de ojos oscuros y mirada triste. Él se paró por un instante. “Estas chicas preguntan si pueden sacar unas fotos para una exposición”.

La expresión de su rostro se oscureció aún más, y mi corazón, por un momento, pareció rendirse ante los impulsos nerviosos de mi entorno. Pensé que no podríamos realizar nuestro proyecto de plasmar el planteamiento que se estrechaba ante nuestros ojos, y que con tanto esmero habían trabajado ellos, que pasaban aquí día tras día.

Instantáneamente se dio la vuelta y echó a andar, desapareciendo por la vuelta de la esquina.

“David”, repitió la chica y con su tono pretendía consolar el desánimo del amigo. A nosotras nos dirigió la palabra para explicarnos la situación, y que por favor viniésemos el miércoles por la tarde para exponer nuestro proyecto en la asamblea.

Accediendo a la propuesta abandonamos el lugar para hablar con el resto del grupo. Yo por mi parte, a pesar de haber temido una reacción así, no volví a dudar que finalmente pudiéramos llegar a nuestro fin.

Unas dos semanas más tarde, mientras volvía a estar en aquel patio interior lleno de vida, música y energía, rodeada de personas abiertas y sinceras que habían llegado por la celebración del LadyFest, saqué algunas fotos de un joven amable y sonriente, que pronto me saludaría de la forma más cálida posible.

Como David, las demás personas que se habían mostrado escépticas y distantes ante la presencia de nuestras cámaras de fotos, también nos tratan como si fuéramos algo más que simples fotógrafos en busca de algo que presentar en nuestra exposición, sino que intentamos, desde nuestro ámbito defender sus intereses, que a estas alturas han llegado a convertirse también en los nuestros.