sábado, 15 de marzo de 2008

Sueño de frío

Una vez, mientras dormía sobre el suelo de barro, vi pasar una sonrisa. Fue algo que me dejó sin palabras. Creí que nunca volvería a ver nada igual. Sin embargo, aquel día volví a nacer de entre las figuras de arcilla cruda. No había dormido desde hacía tanto tiempo; no había soñado nada desde hacían ya años. Y aquel día todo cambió. Desde aquel día colecciono sonrisas.

Fue en verano, cuando se me mostraban ojos brillantes. Claros y oscuros. Verdes y negros. Grises y azules. Contentos, tristes y sonrientes. Pero por aquella época todavía todo era fácil. No había nada que pudiera impedir mi felicidad.

“¿Y ahora?” Preguntas. Ahora. Todo es diferente. Ahora estoy en medio. No me veo de tanto pensar en mí. “¡Egoísta!” dices. No, en realidad no. En realidad solo estoy fuera de mí. Me veo y no me reconozco. Estoy lejos de ser la persona que antes era. ¿Soy persona?

En realidad, todo cambia con el tiempo. Y eso es bueno. Las cosas cambian, y los caminos se separan y vuelven a unirse. A veces es bueno andar una temporada juntos para luego distanciarse durante un rato. No debe de ser imposible. Incluso es sano, estoy segura. Todo cambia, va evolucionando. Y lo que se sujeta de manera desesperada a lo que siempre fue, está condenado a fracasar. Es triste, pero es cierto.

Ahora paseo en medio de los árboles. Lástima… no vivo cerca de los bosques. Quiero pensar que algún día plantaré muchos árboles a mi alrededor. No volver a sentirme sola. Tener compañía. He empezado con un pequeño cactus. A veces pienso que me sonríe. Y a veces pienso que me mira, mientras llego a casa por el agobio de un día sin tiempo, y me tranquiliza con su suave y ronca voz, diciendo: “mantén la calma. Todo irá bien.”

Me tiro en la cama. Blanda. Blanca. Mis pies desnudos hacen un ruido extraño cuando se deslizan por la sábana. Un ruido agradable. Una sensación entrañable. Cierro los ojos y pienso en que quiero soñar. Sueños largos, llenos de sol y flores. Pero por más que lo intento, no puedo. Solo sé pensar en lluvia y frío. En el viento, que lleva mis pensamientos hasta lo alto de la copa de aquel árbol en el que había dejado colgada mi última sonrisa.

La retiro.

Me la quedo.

La guardo en una caja de cartón.

Y la pinto.

Para tenerla junto a mí.

Para poder soñar con ella.

Para vivir sonriendo.

Vivir soñando.

Un sueño cualquiera.

Sueño de frío.

Vuelvo a dormir.

Descansar.

Y volver.